Jesús y la serpiente
De todas las experiencias que el pueblo de Dios tuvo durante su travesía por el desierto que nos son narradas en el libro de Números podemos ver una lección especial, vemos al menos tres cosas en cada una. Primeramente encontramos a Jesús, en segundo lugar podemos ver el control de Dios de la situación, tanto en el inicio, la razón y el resultado de cada una de estas situaciones y finalmente podemos ver la provisión de Dios en cada uno. Deuteronomio 8:15 nos cita algunas de estas. Entre ellas está de las serpientes ardientes. Después de todo lo que ha pasado, como la rebelión de Coré, y las al menos tres victorias narradas en estos capítulos, el pueblo sigue su queja con Dios. En esta ocasión Dios permite que sean mordidos por serpientes ardientes. Se dice que eran ardientes no en el que estuvieran hechas de fuego, sino, más bien en el hecho de que su picadura producía ardor como de fuego. El texto dice que Dios envía 'serpientes encendidas', gran mortandad es hecha en el pueblo por ellas, ante la plegaria de Moisés, Dios responde y le instruye que debe formar una. Cristo en Juan 3 hace mención de este suceso, Jesús esta mostrado en la serpiente de bronce hecha por Moisés.
La serpiente siempre ha sido el símbolo del mal. La forma que el mal tomó en el libro de Génesis fue de una serpiente. Dios le pidió a Moisés que formara una serpiente. Moisés tomó bronce y lo trabajó, tuvo que calentarlo y golpearlo con un martillo, debió golpear con fuerza, una y otra vez; cada golpe, cada hendidura, cada curva, cada doblez, hasta que tomara la forma de serpiente. El bronce fue golpeado hasta que tomó la forma de aquello que mordía al pueblo. De la misma manera, Jesús fue tentado, golpeado, abatido, escupido, humillado hasta que tomó la forma de aquello que habiendo mordido al hombre desde el principio, había traído muerte. El pecado, 2 de Corintios 5:21 dice que "Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado…", Isaías 53: 4 dice: "…herido de Dios y abatido" y el verso 10 dice: "Con todo esto, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento". Cristo hecho en la forma del pecado, cada acción de Dios sobre su vida le formaba en aquello, no era una serpiente, era bronce formado en forma de serpiente. Increíble imagen, el bronce formaba el altar sobre el cual el cordero era atado, ahí ese cordero sobre el altar tomaba sobre si el pecado de aquel que le ofrecía, la inocencia del cordero era pasada al hombre, mientras que el pecado del hombre era sobre el cordero. El cordero moría por todos los pecados que el hombre había cometido. Este cordero sin haber cometido pecado pagaba el precio y el hombre recibía a limpieza del cordero. El verso 21 de 2 de Corintios 5 termina diciendo: "…para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él". Tanto como el murió por nuestros pecados, nosotros vivimos por su vida. Cada vez que alguien nos ve, ve a justicia de Dios satisfecha. El resultado del pago, el resultado de la paz con Dios que sólo la paga por el pecado puede traer, ¡Increíble! Caminar por esta tierra, demostrando que Dios es un Dios justo, que paga a cada uno según su obra, pagó a Cristo la paga por nuestro pecado y pagó a nosotros la vida de Cristo. Muchas veces leemos pasajes como Isaías 53 y pensamos en la pasión de Cristo, en el tiempo que duró su muerte, los golpes del látigo, los golpes de los soldados, la corona de espinas; pero no sólo esto representa su sacrificio, desde un inicio él 'se despojó de sí mismo', tomó forma de hombre, vivió una vida sin mancha, soporto la tentación en cada momento de su vida, tanto como leemos el relato de su tentación en el desierto, la tentación estuvo ahí a su asecho cada vez, los fariseos con sus preguntas, su artimañas, las multitudes que intentaron matarle, aun las multitudes aclamándole durante su entrada triunfal o aquellos que después de ser alimentados por él buscaron hacerle rey por la fuerza. Tentado en todo, pero sin pecado. Ahora provee para nosotros esa vida, esa vida llena del poder del Espíritu Santo, una vida preparada de antemano por Dios para nosotros. Justicia en todo momento, poder en el Espíritu, abundancia en la Palabra, fruto tras fruto listo para brotar de nuestra vida, listo para con cada golpe del apasionado y poderoso martillo del Espíritu de Dios que así como formó a Cristo en la forma del pecado, ahora moldea nuestras vidas en la imagen de aquel que dio su vida por nosotros.