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Nuestros Inicios: ¿Cómo empezamos? en una Sala....
Durante 1969, algunas familias evangélicas de Tijuana se trasladaron a vivir al Fraccionamiento Playas de Tijuana que recientemente había abierto. Los medios de comunicación al centro de la ciudad no estaban en buenas condiciones y con cierta frecuencia la niebla y la lluvia imposibilitaban el tránsito. Esto hacía difícil mantener una disciplina de asistencia a las diversas iglesias a donde estas familias pertenecían. Como la comunidad era pequeña, no tardaron estas familias en conocerse y establecer amistad.
Inicialmente la reunión era semanal, entre semana, para estudio bíblico y unos momentos de fraternidad. Eventualmente el grupo creció, y cuando ya no era posible caber en una sala familiar, se utilizó un salón de un motel para las reuniones. En ese tiempo se buscó una cobertura denominacional que se mantuvo hasta inicios de 1984.
El tiempo entre noviembre de 1972 y enero de 1984 la congregación estuvo bajo el pastoreo de los hermanos Eleazar Guillén, Elías Díaz, Miguel Martínez, y Daniel de la Cruz, sucesivamente. En 1984 terminada la relación denominacional y se estableció como una iglesia autónoma bajo el pastorado de los hermanos Ernesto H. Mellado y Abel Mellado Prince.
Particularmente, en este último período, se le dio un nuevo impulso al desarrollo de grupos de hogar y un mayor énfasis evangelístico. Estos factores ayudaron a que la congregación experimentara un rápido crecimiento, yendo de unos 250 miembros en 1988 a 1200 en 1996. Las instalaciones se ampliaron a través de este último período hasta ya no tener lugar de mayor ampliación. El crecimiento se sigue observando y nos vimos en la necesidad de planear las instalaciones principales en otro sitio de la ciudad. Este nuevo lugar nos permitirá desarrollar el creciente alcance y servicio a la comunidad. Sin embargo el trabajo en Playas seguirá adelante, y las instalaciones en Playas seguirán dando testimonio y servicio a la comunidad.
Como congregación de la Iglesia Evangélica San Pablo, compartimos un sueño común y una determinación. Nuestro deseo es ser un instrumento efectivo de Dios al cumplir nuestra responsabilidad ante el propósito eterno de Dios. Este propósito se está cumpliendo al alcanzar esta visión con fe y obediencia. |